Quienes tienen la costumbre de escribir lo que viven en sus viajes, estarán muy identificados con lo que hizo Simón Bolívar al ascender al Chimborazo. Impulsado por este gigante a 6.268 metros de altura sobre el nivel del mar, escribió lo que para él fue un encuentro espiritual con el tiempo y los dioses. Un poema que coincidió con los inicios del romanticismo en América Latina, allá por 1822.

MI DELIRIO SOBRE EL CHIMBORAZO

Yo venía envuelto con un manto del Iris, desde donde paga su tributo el caudaloso Orinoco al dios de las aguas. Había visitado las encantadas fuentes amazónicas, y quise subir al atalaya del universo. Busqué las huellas de la Condamine y Humboldt; seguílas audaz, nada me detuvo; llegue a la región glacial; el éter sofocaba mi aliento. Ninguna planta humana había hollado la corona diamantina que puso las manos de la eternidad sobre las sienes excelsas del dominador de los Andes.

Yo me dije: este manto del Iris que me ha servido de estandarte ha recorrido en mis manos regiones infernales, surcado los ríos y los mares y subido sobre los hombros de los Andes; la tierra se ha allanado a los pies de Colombia, y el tiempo no ha podido detener la marca de la libertad. Belona ha sido humillada por el resplandor del Iris, ¿y no podré yo trepar sobre los cabellos canosos del gigante de la tierra?

Sí podré! y arrebatado por la violencia de un espíritu desconocido para mí que me parecía divino, dejé atrás las huellas de Humboldt empañado los cristales eternos que circuyen el Chimborazo.

Llegó como impulsado por el genio que me animaba, y desfallezco al tocar con mi cabeza la copa del firmamento; tenía a mis pies los umbrales del abismo.

Un delirio febril embargaba mi mente; me siento como encendido por un fuego extraño y superior, era el Dios de Colombia que me poseía.

De repente se me presenta el tiempo. Bajo el semblante venerable de un viejo cargado con los despojos de las edades; ceñudo, inclinado, calvo, rizada la tez, una hoz en la mano…

“Yo soy el padre de los siglos; soy el arcano de la fama y del secreto; mi madre fue la eternidad; los límites de mi imperio los señala el infinito; no hay sepulcro para mí, porque soy más poderoso que la muerte; miro lo pasado; miro lo futuro, y por mi mano pasa lo presente.

¿Por qué te envaneces niño o viejo, hombre o héroe?

¿Crees que es algo vuestro universo?

¿Qué levantaros sobre un átomo de la creación es elevaros?

¿Pensáis que los instantes que llamáis siglos pueden servir de medida a mis arcanos?

¿Imagináis qué habéis visto la santa verdad?

¿Suponéis locamente que vuestras acciones tienen algún precio a mis ojos?

Todo es menos que un punto a la presencia de lo Infinito que es mi hermano”.

Sobrecogido de un terror sagrado, “¿cómo ¡oh Tiempo! -respondí-, no ha de desvanecerse el mísero mortal que ha subido tan alto? He pasado a todos los hombres en fortuna porque me he elevado sobre la cabeza de todos. Yo domino la tierra con mis plantas; llego al Eterno con mis manos; siento las presiones infernales bullir bajo mis pasos; estoy mirando junto a mí rutilantes astros, los soles infinitos; mido sin asombro el espacio que encierra la materia; y en tu rostro leo la historia de lo pasado y los pensamientos del destino”.

“Observa, me digo: aprende, conserva en tu mente lo que has visto, dibuja a los ojos de los semejantes el cuadro del universo físico, del universo moral; no escondas los secretos que el cielo te ha revelado; di la verdad a los hombres”.

La fantasma desapareció.

Absorto, yerto, por decirlo así, quedé exánime largo tiempo, tendido sobre aquel inmenso diamante que me servía de lecho. En fin, la tremenda voz de Colombia me grita; resucito, me incorporo, abro con mis propias manos mis pesados párpados: vuelvo a ser hombre y escribo mi delirio.

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El ambiente propicio que eligió Bolívar para escribir estas líneas fue en la casa del coronel Juan Bernardo de León, un personaje importante de la Independencia de Riobamba. Ahora esta casa es un restaurante que revive los pasos que dio el libertador, recibiendo a turistas de todas las nacionalidades. Nuestra amiga Cinthia Valencia, periodista y bloguera de viajes, nos muestra el detalle de este lugar que nos permite viajar en el tiempo.

Riobamba está llena de historia, es la primera ciudad española fundada en Ecuador, aquí se construyó la primera iglesia católica del país y fue la primera ciudad en recibir el escudo de armas del rey Felipe IV. Muchas cosas sucedieron aquí por primera vez, por eso la llaman la Ciudad de las Primicias.

DATOS IMPORTANTES PARA EL VIAJERO

– Riobamba está a 4 horas de viaje en coche desde Quito.

– El clima es frío, por lo que debes usar ropa abrigada.

– Es un destino ideal para ir en familia.

– Hospedarse en el centro de la ciudad te permitirá acceder a los puntos turísticos fácilmente.

Aquí te dejamos el Top 5 de Riobamba de destinos para sentir:

Conducción y dirección: Cinthia Valencia
Guión reportaje y nota escrita: Diana Orbe
Producción audiovisual: Milton Pilco (Pilkazo)
Foto portada: Roberto Valdez (Robinski)
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